Oraciones

AL ENTRAR EN EL TEMPLO

Te adoramos, Santísimo Señor Jesucristo, aquí y en todas las Iglesias que hay en el mundo, y te bendecimos, pues, por tu Santa Cruz redimiste el mundo.

ALABANZAS AL DIOS ALTÍSIMO

Tú eres el Santo, Señor Dios único, que hace maravillas.
Tú eres el fuerte, tú eres el grande, tú eres el Altísimo, tú eres el Rey Omnipotente; tú Padre Santo, Rey del cielo y de la tierra.
Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses, tú eres el bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero.
Tú eres el amor, la caridad; tú eres la sabiduría, tú eres la humildad, tú eres la paciencia, tú eres la hermosura, tú eres la mansedumbre.
Tú eres la seguridad, tú eres la quietud, tú eres el gozo, tú eres nuestra esperanza y la alegría, tú eres la justicia, tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a saciedad.
Tú eres la hermosura, tú eres la mansedumbre, tú eres el protector, tú eres nuestro custodio y defensor, tú eres la fortaleza, tú eres el refrigerio.
Tú eres nuestra esperanza, tú eres la fe, tú eres nuestra caridad, tú eres dulzura, tú eres nuestra vida eterna, grande y admirable Señor, Omnipotente Dios, misericordioso salvador.

OMNIPOTENTE ETERNO

Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, concédenos por ti mismo a nosotros miserables, hacer lo que sabemos que quieres y querer siempre lo que te agrada; a fin de que interiormente purgados e iluminados interiormente y encendidos por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo y llegar por sola tu gracia, a ti Altísimo, que perfecta trinidad y en simple unidad, vives y reinas y estas revestido de gloria, Dios Omnipotente, y misericordioso salvador. Amén.

ORACIÓN ANTE EL CRUCIFIJO DE SAN DAMIÁN

¡Oh! ¡Alto y glorioso Dios! Ilumina las tinieblas de mi corazón, dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y veraz mandamiento. Amén.

OMNIPOTENTE SANTÍSIMO

Omnipotente, Santísimo, Altísimo y sumo Dios, todo bien, sumo bien, bien total, que eres el solo bueno, a ti te tributemos toda alabanza, toda gloria, toda gracia, todo honor, toda bendición, y te restituyamos todos los bienes.
Hágase, hágase. Amén.

CÁNTICO DE LAS CREATURAS

Altísimo, omnipotente, buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo Altísimo, corresponden y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.
Alabado seas, mi Señor, con todas tus creaturas, especialmente por el señor hermano sol, el cual es día y por el cual nos alumbras. Él es bello y radiante con gran esplendor; de ti Altísimo, lleva significación.
Alabado seas mi Señor, por la hermana luna y las estrellas; en el cielo las has formado luminosas y bellas.
Alabado seas mi señor, por el hermano fuego, por el cual alumbras la noche y él es bello, y alegre, y robusto y fuerte.
Alabado seas mi Señor, por nuestra hermana tierra, la cual nos sustenta y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.
Alabado seas mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. ¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal! Bienaventurados aquellos a quienes encontrará en tu santísima voluntad, pues la muerte segunda no les hará mal.
Alaben y bendigan a mi Señor, denle graciad y sirvanle con gran humildad.

LA VERDADERA Y PERFECTA ALEGRÍA

Cierto día, el bienaventurado Francisco, estando en Santa María, llamó al hermano León y le dijo: “Hermano León, escribe”; éste le respondió: “ya estoy listo”.
Escribe -le dijo- cuál es la verdadera alegría:
Llega un mensajero y dice que todos los maestros de París han venido a la orden. Escribe: “no es la verdadera alegría”.
Y también que han venido a la orden todos los prelados ultramontanos, arzobispos, que también el rey de Francia y también el rey de Inglaterra. Escribe “no es la verdadera alegría”.
Igualmente, que mis hermanos han ido a los infieles y los han convertido a todos ellos a la fe. Además, que he recibido yo de Dios una gracia tan grande, que curo enfermos y hago muchos milagros. Te digo que en todas estas cosas, no está la verdadera alegría.
¿Cuál es, entonces, la verdadera alegría? Regreso de Perusa y llego aquí muy de noche y es invierno, con barro y mucho frío, hasta el punto que el agua congelada en el borde de la túnica me golpea las piernas y sangran las heridas.
Y todo embarrado, helado y aterido, me llego a la puerta; y después de estar un buen rato tocando y llamando, acude el hermano y pregunta: ¿quién es?
Yo respondo: el hermano Francisco.
Y él dice: Largo de aquí. No es hora decente para andar en camino. Aquí no entras.
Y al insistir yo, de nuevo contesta: largo de aquí. Tú eres un simple y un palero. Ya no vas a venir con nosotros, nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos.
Y yo vuelvo a la puerta y digo: por amor de Dios, acógeme esta noche.
Y él responde: No me da la gana. Vete al lugar de los crucíferos y pide ahí.
Te digo: si he tenido paciencia y no he perdido la calma, en esto está la verdadera alegría, y también la verdadera virtud y el bien del alma.

LA VIRTUD AHUYENTA AL VICIO

Donde hay caridad hay sabiduría, no hay temor ni ignorancia.
Donde hay paciencia y humildad, no hay ira ni desasosigo.
Donde hay pobreza con alegría, no hay codicia ni avaricia.
Donde hay quietud y meditación, no hay preocupación ni disipación.
Donde hay temor de Dios que guarda la entrada, no hay enemigo que tenga modo de entrar a la casa.
Donde hay misericordia y discreción, no hay superfluidad ni endurecimiento.

ALABANZAS QUE SE HAN DE DECIR EN TODAS LAS HORAS

Santo, santo, santo, Señor Dios omnipotente, el que es, y el que era, y el que ha de venir:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. 
Digno eres, Señor Dios nuestro, de recibir la alabanza, la gloria, el honor y la bendición:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. 
Digno es el cordero que ha sido degollado de recibir el poderío, y la divinidad, y la sabiduría, y la fuerza; y el honor, y la gloria, y la bendición:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. 
Bendigamos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. 
Bendigan al Señor todas las obras del Señor:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. 
Alaben a nuestro Dios todos sus siervos y los que temen a Dios, pequeños y grandes:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. 
Alaben al que es glorioso los cielos y la tierra.
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. 
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

SALUDO A LA BIENAVENTURADA VÍRGEN MARÍA

¡Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, vírgen hecha iglesia, y elegida por el santísimo Padre del cielo, consagrada por Él con su santísimo Hijo amado y el Espíritu Santo Paráclito; que tuvo y tiene toda la plenitud de la gracia y todo bien!
¡Salve, palacio de Dios!
¡Salve, tabernáculo de Dios!
¡Salve, casa de Dios!
¡Salve, vestidura de Dios!
¡Salve, esclava de Dios!
¡Salve, Madre de Dios!
¡Salve también todas ustedes, santas virtudes que, por la gracia e iluminación del Espíritu Santo, son infundidas en los corazones de los fieles, para hacerlos, de infieles, a fieles a Dios!

SALUDO A LAS VIRTUDES

¡Salve, reina sabiduría, el Señor te salve con tu hermana la santa pura sencillez!
¡Salve santa pobreza, el Señor te salve con tu hermana la santa humildad!
¡Señora santa caridad, el Señor te salve con tu herman la santa obediencia!
¡Santísimas virtudes, a todas las salve el Señor, de quien vienen y proceden!
Nadie hay absolutamente en el mundo entero que pueda poseer a una de ustedes si antes no muere.
Quien posee una y no ofende a las otras, las posee a todas.
Y quien ofende a una, ninguna posee y a todas ofende.
Y cada una confunde los vicios y poecados.
La santa sabiduría confunde a Satanás y todas sus astucias.
La pura santa simplicidad confunde toda la sabiduría de este mundo y la sabiduría del cuerpo.
La santa pobreza confunde la codicia, y la avricia, y las preocupaciones de este siglo.
La santa humildad confunde la soberbia y a todos los mundanos, y a todo lo mundano.
La santa caridad confunde todas las tentaciones diabólicas y carnales y todos los temores carnales.
La santa obediencia confunde todos los quereres corporales y carnales; y mantiene mortificado su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su hermano, y lo sujeta y somete a todos los hombres que hay en el mundo; y no sólo a los hombres, sino aún a todas las bestias y fieras, para que, en cuanto el Señor se lo permita desde lo alto, puedan hacer de él lo que quiera.

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